Por más que te ame.
Otra noche de llorar. Otra noche en que me siento fatal. Otra noche que no paro de pensar en lo que quizá debió pasar.
He de morirme lentamente sumergida en lágrimas, con la cabeza llena de recuerdos tuyos que me atormentan hasta el amanecer. He de ahogarme en todo aquello que no pude decir por quizá miedo a que el abandono tocara a mi puerta y te viera hacer las maletas e irte de lo que alguna vez llamamos hogar. He de desvanecerme en el lecho que compartimos con tanto amor, que fuimos uno, que fuimos todo. He de sufrir cada que te imagino a mi costado, riendo, jurando amor, un amor para siempre: Fatal mentira.
Eras la vida que he de necesitar ¿Por qué dejarme ensangrentada de ti, con el corazón en la mano?
Este invierno ha durado más de lo habitual, llueve, pero afuera todo está seco, llueve y solo siento frio. Llueve y llueve desde mis ojos. Ya nada florece, nada nace, todo se muere a mi alrededor ¿Tanta desgracia he de vivir que no puedo morir yo a la par? ¿Qué tan miserable he de ser para que me vuelvas a amar? Estoy a la orilla, quiero saltar; probar si así dejas de habitar en mí, si así dejo de ser tuya por fin.
Me encuentro tan marchita, tan rota, tan fuera de sí, que no reconozco cual es mi realidad, vivo en un imaginario donde somos felices, donde creamos nuestros mundos a partir de flores y canciones. He de crear un mundo donde nosotros seamos para siempre, donde seamos infinitos, donde nos entreguemos sin más, donde nos pertenezcamos hasta el fin. Por lastima tuya y por desgracia mía, tú ya no habitas más mi cotidianidad. Te has ido dejándome una gran herida que me ha costado cerrar, que me ha dejado botada días y noches enteras en mi cama preguntándome ¿Qué hice mal? Una herida que nunca antes había vivido y no sé cómo reaccionar.
Me desangro, me caigo al vacío y nadie sostiene mi mano. Todo se oscurece, ya no hay luz, ya no hay nada. La nada suele ser a veces demasiado dolorosa y más cuando tú eras mi todo.
Tú, tan ajeno al dolor que me causaste; yo, tan a la deriva de la vida, como un bote en medio del mar abandonado a su suerte. Tú, clavándome estacas con palabras tan hirientes; yo, agonizando por tu amor, entregando hasta la última gota de mi a algo que creía que era real. Tú: mi amor más letal, yo: alguien fugaz en tu estar.
¿Cómo querer a alguien que ya no me quiere? ¿Cómo hacer que mi ser entienda que ya no vas a estar más? ¿Cuál es la clave para pensar que no eras para mí y dejarte libre? Me he cansado de llorarte, de escribirte, de añorarte, de pensarte, de esperarte, de amar y que no me ames igual.
Que dolor es bailar y no en tu compañía, que dolor es cantar llena de agonía.
Me desgarro las vestiduras de tanta ansiedad por no saber de ti, que hasta pienso que voy a enloquecer si no tengo la más mínima posibilidad de agarrar tu mano cada atardecer. Creo sinceramente que aquella frase: "nadie se ha muerto de amor", podría llegar en mi a ser una excepción, pues prefiero morir que cargar con este dolor tan inmenso que se creó desde que decidimos a la fuerza decirnos adiós. Pero, pedirte que vuelvas, sería clavarme un cuchillo directamente al corazón y pedirte que me ames nuevamente es algo tan humillante que igualmente sin remordimiento alguno te imploraría. Te rogaría una y mil veces que te quedes, aunque sea solo una noche más, pero sé que mi doliente cuerpo no soportaría una caída más y mucho menos un no como respuesta. Ya no queda nada de mí, solo cenizas de un amor fallido y una carta que nunca fue entregada; así que por que más que te ame, debo decirte...
Comentarios
Publicar un comentario